27.8.20

Antojos

La Sinfonía de los juguetes resonaba mientras la cámara hacía un barrido por las líneas del deportivo. Del deportivo le fascinaba su mecanismo a cuerda, por eso lo compró ella, caprichosa como una manzana. Una manzana ecológica era la fruta que consumía a diario “para mantener lejos al médico”. Al médico lo abandonó en el portón de la ermita de San Nicasio como a un bebé. Un bebé koala es lo que le apeteció tener ipsofacto para volver a creer en el amor. Amor viajó hasta Australia, olvidándose del marsupial en cuanto conoció a un aborigen que usaba el perfume de Napoleón. Napoleón le empalagó en tres semanas y decidió regresar a la ciudad. La ciudad había seguido latiendo en su ausencia. Su ausencia del trabajo provocó el despido. El despido le ocasionó estrés, que mitigó masticando semillas de amapola. Amapola, amapola, ¿cómo puedes tú vivir tan sola?. Tan sola que lloró como una niña cuando se le rompe su muñeca favorita. Su muñeca favorita era ella. Ella encendió la televisión, donde emitían el anuncio de un nuevo modelo de automóvil, secundado por una pieza musical de fondo que le transportó a su infancia, la Sinfonía de los juguetes.