27.1.20

El paciente inglés

Fragmento de la portada del libro.


La villa

Se puso de pie en el jardín en el que había estado trabajando y miró a lo lejos. Había notado un cambio en el tiempo. Se había vuelto a levantar viento, voluta sonora en el aire, y los altos cipreses oscilaban. Se volvió y subió la cuesta hacia la casa, trepó una pared baja y sintió las primeras gotas de lluvia en sus desnudos brazos. Cruzó el pórtico y se apresuró a entrar en la casa. 

No se detuvo en la cocina, sino que la cruzó y subió la escalera a obscuras y después continuó por el largo pasillo, a cuyo final se proyectaba la luz que pasaba por una puerta abierta. 

Giró y entró en la habitación: otro jardín, de árboles y parras esta vez, pintado en sus paredes y techo. El hombre yacía en la cama con el cuerpo expuesto a la brisa y, al oírla entrar, volvió ligeramente la cabeza hacia ella.

Cada cuatro días le lavaba su negro cuerpo, comenzando por los destrozados pies. Mojaba una manopla y, manteniéndola en el aire, la estrujaba para que el agua le cayera en los tobillos. Al oírlo murmurar, alzó la vista y vio su sonrisa. Por encima de las espinillas, las quemaduras eran más graves, más que violáceas, hasta el hueso.


El paciente inglés, Michael Ondaatje, Debolsillo 2016

26.1.20

Microrrelato para un domingo

"Lavabo y espejo" óleo sobre tabla de Antonio López, 1967.


DUALIDAD

Como cada mañana me la encuentro contando sus lunares. Setenta y siete, setenta y ocho, setenta y... Nada queda de su belleza de antaño, con la que llevó a la perdición a hombres y mujeres. Ahora su rostro se asemeja a un plato de lentejas. La respingona nariz se ha convertido en una gran mancha amorfa que le ha engullido el tabique. Los párpados le pesan como rocas. Cuello y escote son anidados con devoción. Pronto necesitará verse de cuerpo entero. Noventa y uno, noventa y dos, noventa y tres... Los tiene a cientos.
¡Qué castigo tan cruel! ¡Dejarme aquí hasta los restos para purgar mis pecados como si fueran pecas!, se lamenta la prisionera al otro lado del espejo de mi baño.


Microrrelato de Beatriz Carilla Egido

25.1.20

Dos poemas de Maurice Carême

Maurice Carême (Wavre, Bélgida, 1889-1978). Foto: Jeannine Burny

EL HORTELANO

El hortelano apoyó su azada,
Se frotó las manos llenas de tierra,
Después pasó cerca de las malvarrosas
Para cogerse un pesado melocotón.

Lo mordió de lleno de un bocado,
Y el jugo se escurrió a plena luz
Sobre su barbilla todavía empapada
De caliente sudor mezclado con polvo.

Levantó su frente clara hacia el cielo
Todo azul sobre el rojo tejado de las casas
Y vió a la última golondrina
Hacer nudos alrededor de su alero.

Largo tiempo miró el horizonte;
Arrojó el hueso de melocotón, 
Y se secó el mentón con la mano,
Después, sonriendo, retomó su azada.



EL DÍA HUELE BIEN

El día huele bien a cerezo.
El cielo está asombrosamente vivo.
La sombra verdea. La campana suena
Sobre los prados apenas despiertos.
El camino se dirige no sé a dónde.
Tranquilamente sentado bajo un acebo,
Dudo sin embargo en seguirlo
Aunque a la sombra de los castaños,
Una alta puerta de cobre
Parece abrirse a la eternidad.


Poemas al lado de la Naturaleza, Maurice Carême, Ed. Tierra de Sueños 2018.

24.1.20

Espías y espíritus II o No es el fin, sino el comienzo

Bosque de luciérnagas en Chugoku, Japón. Fotografía: Yu Hashimoto.

Cuando la arena del reloj regresa al origen
Nada hay que temer
La infinitud es un bosque tapizado de luciérnagas


Poema de Beatriz Carilla Egido, incluido en "Epitafios". Leer entrada anterior, aquí.

16.1.20

Espías y espíritus


El próximo jueves 23 de enero, en el marco del Festival Aragón Negro, se presentará en el Cementerio de Torrero de Zaragoza el libro "Epitafios", que reúne los enviados al Concurso en los años 2016 y 2018. Será a las 19 horas en la sala de ceremonias nº 2 de dicho complejo funerario. En el acto se distribuirán gratuitamente ejemplares a los asistentes.

Se procederá a la lectura de algunos de ellos por parte de sus autores, entre los que me encuentro.

Como dato curioso decir que las personas que así lo deseen, pueden hacer libre uso de los textos para inscribirlos en las lápidas de sus seres queridos.

La programación completa del Festival, aquí.

10.1.20

El día antes de la felicidad

Portada de la novela en España

Descubrí el escondrijo porque el balón había ido a parar allí. Detrás de la hornacina de la estatua, en el patio del edificio, había una trampilla tapada por dos tablones de madera. Me di cuenta de que se movían cuando puse el pie encima. Me entró miedo, recuperé la pelota y me escabullí hacia fuera entre las piernas de la estatua. 
Solo un niño esmirriado y contorsionista como yo podía deslizar la cabeza y el cuerpo entre las piernas escasamente separadas del rey guerrero, tras haber rodeado la espada plantada justo delante de sus pies. La pelota había ido a parar allí detrás, tras un rebote con efecto entre la espada y la pierna. 
La empujé hacia fuera, los demás reemprendieron el juego, mientras yo me retorcía para salir. En las trampas es fácil entrar, pero hay que sudar para salir. Me entraron además las prisas que da el miedo. Volví a mi sitio en la portería. Me dejaban jugar con ellos porque recuperaba la pelota allá donde fuera a parar. Un destino habitual era el balcón del primer piso, una casa abandonada. Según las voces que corrían, allí vivía un fantasma. Los antiguos edificios contenían trampillas tapiadas, pasajes secretos, crímenes y amores. Los viejos edificios eran nidos de fantasmas.


El día antes de la felicidad, Erri De Luca, Ediciones Siruela 2009

3.1.20

Miss Liberty

Fotográfo anónimo (aprox. 1920-1925).

El desconocido autor dejó impresas sus huellas dactilares.
Fotografía perteneciente a la Colección Fran Maresca del Museo Newark, New Yersey.

2.1.20

Dos poemas de Ko Un

Ko Un (Gunsán, Corea del Sur, 1933)

Semillas de sauce
llevadas por un presuroso arroyo
al tocar tierra,
se abren.

Trata de comenzar así.


Flores de un momento, Ko Un, Ediciones Linteo 2017.



EL CAMINO 

De ahora en adelante, esperanza. 
Me falta el aliento, 
de ahora en adelante,esperanza. 
Si no hay camino 
lo construyo mientras lo hago. 
De ahora en adelante, historia. 
Historia no como pasado, 
sino como todo lo que es. 
Del futuro, de sus peligros, 
en mi vida presente, 
hasta lo desconocido que viene, 
y la oscuridad que viene. 
Oscuridad 
es solo ausencia de luz. 
De ahora en adelante, esperanza. 
El camino no existe. 
Por esto lo construyo mientras lo hago. 
He aquí el camino. 
He aquí el camino, 
y lleva siempre consigo, impecable, 
numerosos mañanas.


Canciones del mañana, Ko Un, traducción de Vincenza D’Urso y Clara Janés.