23.12.19

Primer amor

Portrait of a woman, Thomas Henry

¡Cuántas cosas imaginamos en el curso de aquella velada! Piano, cantos, bailes, fiesta cíngara… Disfrazamos a Nirmatzky de oso y le dimos a beber agua salada. El conde Malevsky hizo juegos de prestidigitación con una baraja; después barajó y nos repartió las cartas como para una partida de whist, pero reservando todos los triunfos. A este propósito, Luchine anunció que tenía «el honor de felicitarle por ello», Maidanov nos declamó fragmentos de su último poema El asesino (estábamos en pleno romanticismo). Se proponía publicarlo con cubiertas negras y el título impreso con tinta rojo sangre. Robamos el sombrero al leguleyo, y lo obligamos a bailar una danza rusa para recuperarlo. Al viejo Bonifacio le obligamos a ponerse un sombrero de mujer, mientras Zinaida se tocaba con uno de hombre… Pero renuncio a enumerarles todas las fantasías que nos pasaron por las mentes… Sólo Belovzorov se quedó, ceñudo, en un rincón, sin disimular su mal humor… En algunos momentos, sus ojos se inyectaban en sangre; se ponía rojo y parecía a punto de arrojarse contra nosotros para hacernos zozobrar como barquichuelas. Pero bastaba que nuestra anfitriona le mirara severamente y le amenazara con el dedo para que se retirara de nuevo a su soledad.


Primer amor, Iván Turguénev, Alianza Editorial 2018.